El alboroto que dejó la pelea, digna de teleserie venezolana, entre Allamand y Longueira demostró una vez más que la lucha por la unidad en la Alianza es infructuosa, y sobretodo, quedó en evidencia la necesidad de estos personajes de sobresalir, lo que ya parece una pelea de egos.Ocurrió lo mismo que en una tarea escolar - “no si yo lo hice señorita, el 7 me lo saque yo” –“no mentira, él me copió, póngame a mi el 7 profe”-. Pero con dos grandulones que más que pelear por una nota de colegio, sueñan con ser protagonistas y sobresalir en la ya malograda esfera política. Pero estos personajes no pensaron en el daño que podían provocar a su grupo de aliados por esta lucha de egos, al sacar a la luz pública las evidentes rencillas que existen entre la UDI y RN, ¿ahora quien va a confiar en una coalición que ni siquiera se fían entre ello? Justo ahora que la popularidad del gobierno esta en su peor momento, esta ayudita no viene nada de mal.
Es común que los políticos quieran sobresalir por ideas novedosas y llevarse toda la gloria del triunfo, ocurre en todos los sectores. Pero en la política no caben los sentimentalismo, no todos son amigos, por el contrario, sino que como dicen en las poblaciones, aquí vive el más choro. Con esto me refiero a que la avivada de Allamand fue una maniobra inteligente para quedarse con todo el crédito de un proyecto que pinta para éxito, pero que no contaba con la poca frialdad de su ex compadre, que se dejó llevar por la pasión y la rabia del engaño, sin pensar en las consecuencias.
En fin, la política, sea cual sea su postura, derecha, centro o izquierda, siempre tiene algo de teleserie. Las rivalidades, los engaños, el amor y la pasión. En el gobierno ocurre lo mismo, la protagonista (Bachelet) es traicionada por la persona que fue como un padre (Lagos) para ella, y queda ciega al enterarse de las barbaridades de las que se hizo responsable. Podría escribir un guión y enviarlo a Venezuela, pero es mejor verla en vivo, sin cortes ni repeticiones.
